El Tupper en Galicia es ilegal
La nueva regulación de los comedores escolares
gestionada por la Xunta gallega prohibió la semana pasada el uso de
los tuppers, las fiambreras de toda la vida, en los centros
educativos impidiendo que los niños puedan comer la comida preparada
en sus casas. El motivo, según la Xunta, es garantizar la seguridad
alimentaria. Según Jesús Oitavén, Secretario General de Educación,
las Administraciones deben velar por “el análisis, trazabilidad y
el principio de cautela”.
Y van más lejos diciendo que no son capaces de
garantizar estos principios sobre las comidas elaboradas en el hogar
situando a la Xunta “ante un riesgo” ante el cual “debe velar
porque la comida que se sirva en el centro se haga con todas las
garantías de salubridad y nutricionales”.
Tales declaraciones han provocado un aluvión de
críticas, tanto es así que hoy miércoles 20 de marzo la Xunta ha
decidido dar marcha atrás a la medida. Han anunciado que este año
no arbitrarán ninguna medida en este sentido para que puedan
coexistir los comedores con la comida llevada de casa por los
alumnos. Afirman que estudiarán legalizar los tuppers para el curso
que viene.
Pero como llevarse la fiambrera es, a estas alturas,
asunto de seguridad nacional, ahora dicen que como la Ley de
Seguridad Alimentaria impide mezclar los alimentos caseros con
los elaborados en el comedor por grave peligro de salubridad, Oitavén
ha dicho, por el bien de los niños, que quienes lleven fiambrera no
podrán sentarse en la misma mesa que los alumnos que comen en
comedor.
Recuerdo, cuando era niña, como en el colegio donde
estudiaba había niños que traían las fiambreras al colegio. Nines,
la cocinera, subía al patio del colegio y gritaba: “a ver, los que
traéis fiambrera, venga que os caliento la comida” y aquello era
una algarabía de chiquillos y de alegría. Nadie se molestaba. Ni
los niños, ni los profesores ni los padres. Porque se veía normal,
porque no se le daba ninguna importancia a semejante nimiedad. Quizá
porque no existía control gubernamental ninguno y por eso las
cosas sucedían naturalmente.
Pero dado el alto grado de corrupción en España,
cabe suponer que detrás de aquellos que han redactado esa estúpida
Ley de Seguridad Alimentaria y aquellos “científicos expertos”
que aseguran que traer el tupper de casa provoca obesidad en los
niños, no hay más que empresas privadas de catering que ven
peligrar su negocio.

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